LUCKY - COLUMNA DE CINE


La idea de esta trilogía de películas que empezó con “Up” es reseñar nuestras películas
favoritas sobre viejitos que rompieron el molde y se lanzaron a una aventura fuera de lo común.
“Lucky” es una de las aventuras más profundas, digo profunda porque nuestro héroe no tiene que
afrontarse a ninguna guerra ni escaparse de ningún lado ni revelarse contra la sociedad. Sino que su
batalla es aceptar y afrontar la inminencia de la muerte, el destino.
Lucky es una película que parece simple porque no hay acción, tiros, efectos especiales. Es
una película sobre la vida, la amistad y la muerte. El personaje principal parte de una revelación que
le plantea su médico: está completamente sano pero su cuerpo ya le está indicando que se va a
morir. Nadie sale vivo de la vida. Hay muchísimas películas en las que los personajes se dan cuenta
que están en los últimos días y empiezan a hacer un balance de su vida y todo lo que tenían
pendiente, pero no es el caso de esta película.
No se puede hablar de Lucky sin hablar de Harry Dean Stanton que, con 91 años,
protagonizó esta última película. La cual pareciera que fue hecha exactamente para él.
Todos deben haber visto una película en la que apareció actuando, siempre en roles
secundarios y pequeños, pero efectivos y esenciales. Estuvo en Alien, Milagros Inesperados, The
Avengers, Corazón Salvaje, Twin Peaks, Bonanza y muchísimas más. Harry Dean Stanton tenía la
capacidad de hacer “humana” cualquier situación, sin importar lo descabellada que sea (como
buscar a un gato en una nave espacial con un alien asesino o ver a Hulk caer desde el cielo). Con su
mirada nos podía hacer entrar en ese mundo y sentir exactamente lo que necesitábamos. En Una
Historia Sencilla lo único que tuvo que hacer es literalmente dar una mirada, pero con esa mirada
toda la historia que acabamos de ver cobra sentido.
La vida de Lucky es simple, hace ejercicios de yoga, fuma, va a un bar durante el día para
tomar café y a otro bar a la noche para tomar bloody mary, también frecuenta un almacén donde
compra cigarrillos y la dueña lo trata con familiaridad. Es un hombre solo, no tuvo pareja, tampoco
hijos, pero (cómo Lucky le dice a su médico) hay una diferencia entre sentirse solitario y estar solo,
él tiene a sus amigos que ve a diario, es decir, que se nos presenta como un personaje muy rutinario
pero que de ninguna manera está desconforme con la vida que lleva ni triste por no haber formado
una familia. El conflicto de Lucky es que un día tiene que empezar a aceptar que va a morir y que
no va a dejar nada porque no somos nada.
Lejos de ser una película sobre la resignación, Lucky nos invita a explorar ese miedo que
todos tenemos a lo que vendrá después. Sólo entendiendo eso se puede llegar a una mayor
iluminación hacia el final de la vida. Literalmente vemos como Lucky se dirige hacia la luz en la
primer escena pero esa “luz” no es un “más allá”, esa luz es iluminación, entendimiento.
No se trata solo de aceptar la propia muerte, sino de aceptar el miedo. Tratado de una forma
impecable, el personaje va a llegar a confesar que tiene miedo. Pero no ese que se tiene antes de
saltar en paracaídas, sino el miedo que avergüenza confesar porque da vergüenza decir que uno
tiene miedo, es algo mal relacionado con la debilidad de espíritu y la falta de carácter. Es muy
trillado decir que uno le tiene miedo a la muerte, es fácil  repetir recetas de los libros de autoayuda
pero el verdadero sentido del miedo a la muerte es lo que Lucky tiene que admitir y aceptar para
afrontar la llegada del final. Esa es su aventura, por eso esta no es una historia sencilla, su batalla es
llegar al final del recorrido de la vida.
En un maravilloso diálogo que tiene con un ex veterano, este personaje le cuenta que en el
medio de un tiroteo se cruzó con una niña que sonreía de oreja a oreja, desentonando con todo el

escenario de muerte y él pensó que estaba feliz de verlos pero que el coronel del ejército le dijo:
“…No está feliz de vernos. Es budista. Cree que la van a matar y le sonríe a su destino…” más
adelante el ex veterano agrega “… No hacen medallas para ese tipo de valentía…” no se hacen
medallas para el tipo de batalla que está enfrentando Lucky porque vivir parece simple. De este
diálogo va a llegar la aceptación, en una de las escenas finales Lucky va a encender un cigarrillo
junto a un cartel de “Gracias por no fumar” dentro del bar nocturno y va a sonreír. Pero esta no es
una sonrisa de felicidad, uno no siempre sonríe de felicidad, la muerte no se espera con felicidad, es
una sonrisa de aceptación del destino y de que no somos nada. Uno de los conceptos que se repiten
en la película es “UNGATZ”: nada, no eres nada.
Esta historia sólo podría haber sido llevada a pantalla con la sencillez de Harry Dean
Stanton. Lucky caminará por el pueblo y con cada pequeño gesto o en cada pequeña relación con
los distintos personajes, se reflejará la tensión interna de Lucky y cómo lidia con su propia
mortalidad. 
Harry Dean Stanton falleció dos semanas antes del estreno de Lucky. Fue su último gran
papel. Si después de ésta quieren explorar más su carrera vayan a ver París, Texas. Su protagónico
de más renombre donde interpreta a un hombre que luego de vagar por el desierto durante años,
busca recuperar a su hijo y su mujer. París, Texas es una road movie de autodescubrimiento, Lucky
tranquilamente podría ser ese mismo personaje caminando por el desierto, caminando sin detenerse
a ese destino al que todos nos dirigimos. Harry Dean Stanton le dio vida a estos personajes y lo hizo
de una forma tan memorable porque fueron escritos precisamente solo para ser interpretados por él.
Por eso no creo que sea triste que no haya podido ver el estreno de Lucky porque él mismo vivió
esa historia y estoy seguro de que al final sonrió.

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