"Fue un gusto hacer contacto": Crónicas - Parte 2

LAS TORTAS



¡Papá, papá! Un plato volador, mirá.

A ver, mostrame.

Allá, en el campo del viejo Esteban.

        El niño señaló a lo lejos. Papá no pudo negar que había un resplandor raro. Quiso encontrar rápido una explicación racional para su hijo, pero no se le vino a la mente nada que no sonara estúpido. Se quedó mirando por la ventana.

        Hubo un flash que los encegueció y el niño dijo "guau".

Papá estaba asustado. Temía no saber cómo proteger a su familia. Llamó a su mujer pero ella no respondió. Escuchó golpes en la puerta. El niño parecía emocionado. Intentó ver por la ventana quién golpeaba.

    Papá transpiraba. Llamó a su mujer de nuevo. Otra vez, no hubo respuesta. Fue a buscarla a la cocina y no la encontró. La canilla estaba abierta y la pileta estaba a punto de rebalsarse. La cerró.

        Se escuchó otro golpe. Esta vez en el techo.

        — ¡Papá, papá! —gritó su hijo. Se escucharon más golpes. Papá entendió que no era alguien llamando a la puerta. Parecía más bien la caída estrepitosa de algo sobre el techo. Como una lluvia pesada, como unas gotas monumentales. Fue corriendo a la habitación del niño.

Mirá: están cayendo tortas del cielo —dijo el niño. Señaló la baranda de la galería de entrada. Contra ella se desmenuzaban pedazos amarronados de una sustancia pastosa, parecida a plastilina muy viscosa. El niño miró la expresión estupefacta del padre y quiso explicarle: —Papá, son tortas de chocolate.

        El hombre no podía creer lo que veía. Abrió la ventana para ver mejor.

El nene se agarró la nariz con toda la mano.

¡Puaj! Qué olor inmundo -dijo papá.

    Entonces, el niño preguntó:

Papá ¿Dónde está mamá?

Comentarios

Entradas populares