Thelma & Louise - Columna de cine
La primera vez que vi Thelma y
Louise fue a los dieciocho años para el primer parcial en la facultad
de cine.
Tenía
que reconocer en la película todos los puntos que nos habían enseñado de la
estructura del guión (los tres actos, el conflicto, el hecho disparador, los
dos puntos de inflexión). Pero tuve un problema con el segundo punto de
inflexión. En la película reconocí varios momentos posibles que habilitaban a
la resolución, debatíamos con mis amigos en el patio de la facu y en el tren.
Yo sostenía que era la escena donde Louise hablaba por teléfono con el
investigador, él le dice que sabía lo que había pasado en Texas y logran
descubrir la ubicación de las protagonistas pero otros compañeros decían que
era cuando encierran al policía en el baúl del patrullero y discutíamos entre
muchas otras escenas. Pasé esos días anteriores al examen repitiéndome una y
otra vez la letra de la canción de Fito Paez como ayuda memoria para acordarme
de las partes más importantes de la película. Llegué al parcial sin
saber cuál era el tan polémico segundo punto de inflexión, ya no me acuerdo si
respondí bien o si dejé el espacio en blanco.
Después
de dieciséis años, anoche me senté a ver Thelma y Louise por segunda
vez bien conciente de que iba a disfrutar de la película sin tener
que ocuparme de reconocer los elementos de la estructura, sin tener que
perseguir el bendito punto de inflexión. Me serví una copa de vino y traje un
chocolate, dejé el tabaco y el cenicero a mano para no tener que
interrumpir la experiencia.
Cuando
hablamos de road movies no hace falta ser un avezado cinéfilo para saber la
importancia de esta película. Por eso es la ideal para finalizar con este
trinomio de road movies que venimos armando con las películas anteriores.
Porque cuando uno empieza a armar una lista de road movies, indudablemente la
primera que aparece tu mente, es esta historia de dos amigas que pretendían
tomarse un fin de semana de vacaciones pero terminan huyendo de la ley en las
rutas de Estados Unidos.
Pasaron dos minutos de empezada la película y
ya estaba recordando las clases de
guión. Cesar, el titular de la cátedra, nos hacía notar cómo se
podían empezar a ver las personalidades de Thelma y Louise ya desde el momento
en que arman las valijas para el viaje. Thelma tira todo arrugado en la valija
y Louise guarda su ropa prolijamente, deja limpia toda la casa. ¡Qué
belleza! Estaba enamorada de Cesar y de cómo echaba luz sobre esas cosas que yo
todavía no notaba. Nos marcaba como no es casualidad que todos los
representantes de la ley en esta película sean hombres. Tampoco es casualidad
que uno de los pocos personajes que les presta algo de simpatía es otra mujer.
Una mesera agradecida por la propina que le dejó Louise. Tal vez porque solo
una mesera puede entender a otra mesera, o mejor dicho, sólo otra mujer puede
entender realmente a otra mujer. La película está llena de estos pequeños
detalles que apuntalan su temática principal, pero esto siempre está integrado
a la historia sin llegar a convertirse en discurso. La película no las
justifica pero las entiende. Describe un mundo plagado de situaciones y
personajes que reflejan la opresión o maltrato bajo el que viven estas mujeres.
Y el guión está tan bien articulado que incluso el disparador es una pequeña
muestra de ese mundo. La casa de campo a la que están yendo Thelma y Louise a
pasar el fin de semana, es la casa que el jefe de Louise le va a dar a su ex
luego del divorcio, y ¡como venganza está dejando que todos la usen antes de
entregársela!
Cuando
Thelma y Louise comienzan su viaje son dos mujeres con vidas comunes como las
de cualquiera de nosotros. No son estudiantes, científicas, soldados o
políticas. Son dos mujeres de mediana edad con una vida rutinaria y es
precisamente en esa rutina donde mejor se ve ese entorno que las oprime,
entorno que las lleva a comportarse como deberían comportarse las mujeres,
según la sociedad. En sus casas están rodeadas de cosas “femeninas”, de flores,
de colores rosa, turquesa y blanco. Son el estereotipo de la ama de casa que
mantiene en orden el hogar y asiste a su esposo (en el caso de Thelma). Sin
embargo en la iluminación ya podemos ver la intención de mostrar el interior de
estas casas como lugares inhóspitos, donde todo es oscuro y opresivo, la luz
del sol apenas entra. Por eso el primer encuentro entre ellas es al aire libre,
donde se sacan la icónica foto.
En
el momento de la fotografia Thelma y Louise sobresalen con sus pieles blancas y
sus cabelleras coloradas. Para el final de la película sus looks serán
totalmente distintos. Su transformación y liberación las llevará a tener una
tez roja hasta casi formar parte del paisaje del Cañón del Colorado. Se han
apropiado del desierto, ahora es parte de ellas. El sol les ha curtido la piel,
cada una porta su propia arma y sus vestimentas ya no son blancas y pulcras.
En
el pasado, en los westerns, eran los hombres quienes como forajidos de la ley
hacían sus propias leyes y se volvían amos del desierto. Ahora Thelma y Louise
han domado un terreno que se creía dominio del ejemplo más clásico de la
masculinidad estadounidense: el vaquero. Pasan de matar a uno de ellos para
protegerse a ridiculizar a otro vaquero como un pequeño acto de justicia por
haberlas estado molestando durante todo el viaje. Al apropiarse del terreno
salvaje y volverse parte de él Thelma y Louise logran ser más libres que nunca,
y aman esa libertad. Cierran los ojos, dejan que el viento les vuele el pelo y
sonríen dejándose llevar a dónde sea que las lleve la ruta. En contraposición a
esto, los hombres que las persiguen se pasan toda la película sentados en
ambientes cerrados y oscuros, mirando televisión, esperando que el teléfono
suene para ir a atraparlas. Ellas son la expresión más pura de vitalidad y
libertad, mientras ellos se sumergen en el tedio de un mundo de sacos y
corbatas.
¿Cuál
era el punto de inflexión que habilitaba a la resolución? Me prometí no pensarlo,
disfrutar de la película, de la escena en que hacen estallar el camión del
vaquero, el asalto al supermercado, el momento en el que Louise no acepta el
compromiso con Jimmy, cuando el personaje de Brad Pitt le dice al marido de
Thelma “me gusta tu esposa”, el final con el auto saltando al vacío,
la banda sonora de esas que te hacen sentir en un lindo viaje. Pero lo seguí
buscando. Formalmente sigo pensando que el segundo punto de inflexión es el
mismo que pensaba hace más de quince años. Pero ahora ví que hay un punto que
les marca el destino, es otra cosa más allá de las formalidades, algo de lo que
no pueden volver atrás. Después del tiro en el estacionamiento ese
fin de semana se convierte en el escape definitivo, la huida del mundo tan
nefasto en el que no hay lugar para dos mujeres hermosas como ellas. No
saltaron al vacío, estaba vacío todo lo que dejaron atrás.
Por
supuesto en estos tiempos, algún reaccionario se indignará diciendo: “¡Pero no
todos los hombres somos así!”. Si capo, ya lo sabemos. Y por supuesto hay
hombres que intentan ayudarlas. Están Jimmy y Hal, el único policía que intenta
entenderlas. Pero ellos no son el punto de la película, la historia no gira
sobre ellos. En un momento Thelma dice:
“Me
siento despierta”
“No
recuerdo nunca haberme sentido así de despierta”
Es allí donde se centra todo lo que esta
historia quiere contarnos. Durante el viaje Thelma y Louise han tratado de
evitar las rutas principales, han ido por rutas secundarias y caminos más
rústicos. Al finalizar el viaje se han dado cuenta que ya no pueden seguir por
la misma ruta que van todos. Han abierto los ojos, se han despertado. Han
entendido que pueden tomar el camino que ellas quieran. Poco después de que
Thelma diga estas líneas deberán abandonar toda ruta e ir directamente por el
desierto en la espectacular persecución final.
En
la última escena Hal intentará salvarlas, pero esta no es la película de cómo
un hombre salva a dos mujeres. Esta es la historia de dos amigas que deciden
emprender un viaje hacia la libertad definitiva, ya no pueden volver atrás.
Porque no hay nada más liberador que poder mirar a los ojos a una amiga y
decirle: “Sigamos yendo”; poder tomarse de la mano y saltar al vacío sabiendo
que sin importar lo que pase van a estar juntas hasta el final. Juntas hasta el
final del camino y más allá.


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